Genio, pintor, recolector de materiales
imposibles, pirograbador, genio limpiador de huevos
en Holanda, maestro de escuela, escultor, cartelista,
escenográfo, tertuliano radiofónico, interno ocasional
y voluntario en el psiquiátrico, genio al fin. Así define
la personalidad y la obra de José María Párraga (Cartagena,
1937) su amigo Jacinto Nicolás. Una obra marcada indudablemente
por su ingente producción y su personalísimo estilo;
una vida llena de mil facetas, imposible de recoger
en un perfil de este tipo y una persona de gran inteligencia,
inagotable tolerancia y enorme corazón.
José María Párraga consiguió algo muy
difícil como es imprimir un estilo muy personal con
unos pocos trazos maestros. Es posible que sea tan solo
una línea, negra normalmente, que sobre el papel traza
sin dudas, sin vacilaciones, una figura (paloma, mujer,
etc.) que lleva implícita la marca de su autor, su personalidad
indiscutible, su firma sin grafía. José María Párraga
estaba en posesión del inapreciable don de poder convertir,
fundir y transformar en su obra el universo que le rodeaba,
los sentimientos y las vivencias. Sea cual sea la técnica
que utilice (dibujos a rotulador o bolígrafo y pirograbado,
óleos, acrílicos, collages, etc) lo que lo define es.
el dibujo, de trazo firme, limpio, muy marcado que queda
patente de una forma especial en los surcos de sus pirograbados.
Él fue, antes y además de cualquier otra cosa, un gran
dibujante, y el dibujo sobresaldrá por encima de cualquiera
de sus manifestaciones